21 de agosto de 2013



Estaba en el invierno de mi vida, y las personas que conocí a lo largo del camino fueron mi único verano. Por la noche, me quedaba dormida con visiones de mí misma bailando, llorando y riendo con ellos. Dos años seguidos de una gira mundial interminable, y mis memorias de ellos eran lo único que me sostenían, y mis únicos momentos felices reales.
Era cantante, una no muy popular. Alguna vez soñé con convertirme en una poeta, pero luego de una serie de eventos desafortunados, vi esos sueños truncados y divididos como un millón de estrellas en la noche, que yo deseé una y otra vez, brillante y rota. Pero realmente no me importó, porque sé que se necesita conseguir todo lo que siempre quisiste y luego perderlo para saber lo que es la verdadera libertad.
Cuando la gente que conocía se enteraba de lo que estaba haciendo, de cómo estaba viviendo, me preguntaban el por qué. Pero no sirve de nada hablar con gente que tiene un hogar. No tienen idea de lo que es buscar seguridad en otras personas, por un hogar donde recostar la cabeza.
Siempre fui una chica inusual. Mi madre dijo que tenía alma de camaleón, sin una brújula moral que apunte al norte, sin una personalidad fija… sólo una indecisión interior que era tan ancha y tan vacilante como el océano. Y si te dijera que no tenía intenciones de convertirme en esto, estaría mintiendo.
Porque nací para ser la otra chica. Yo no pertenecía a nadie, que pertenecía a todos, que no tenía nada, que quería todo. Con un fuego por cada experiencia y una obsesión por la libertad que me aterrorizó al punto del que ni siquiera puedo hablar. Y me empujó a un punto nómade de locura que me deslumbró y me mareó.
Todas las noches solía rezar con encontrar mi gente, y finalmente lo hice, en el camino abierto. No tenemos nada que perder, nada que ganar, nada que deseáramos más que convertir nuestra vida en una obra de arte.
Vive rápido, muere joven, sé salvaje y diviértete. Creo en el país que solíamos ser, creo en la persona que quiero convertirme, creo en la libertad del camino abierto. Y mi lema es el mismo de siempre: “creo en la generosidad de los extraños”. Y cuando estoy en guerra conmigo misma, viajo. Sólo viajo.
¿Quién sos? ¿Estás en contacto con tus más oscuras fantasías? ¿Creaste una vida para vos mismo donde sos capaz de experimentarlas? Yo lo hice.

Estoy loca, pero soy libre.

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